La sobre exposición de las aguas ha puesto en jaque la vida en los arrecifes, que se regeneran muy despacio. Por eso desde hace años se están construyendo otros artificiales a partir de barcos, neumáticos, automoviles… Pero el tiempo ha demostrado que estos objetos de desecho no están preparados para aguantar la corrosión y las corrientes marinas, y ahora se apuesta por el diseño de arrecifes estables, duraderos y abaratos, que atraen la vida del mar y se mimetizan con ella. Por ejemplo, se fabrican estructuras huecas con agujeros en los que la fauna y flora encuentran su refugio. Para proteger los fondos de la pesca de arrastre se emplean otras piezas, como pasados cubos de hormigón. Son una buena inversión, tanto económica como ecológica: sirven para repoblar los bancos de pesca y, además, conservar la diversidad biológica marina.

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