Caras vemos

Hemos vivido en una sociedad acostumbrada al interés desmedido por las figuras públicas. El gran conquistador macedonio Alejandro Magno (c. 356 -323 a. C.), fue uno de los primeros lideres en utilizar representaciones de su rostro en monedas, mosaicos, tapices y esculturas para fomentar el culto a su personalidad y a su vez tener un ‘ingenioso’ método de propaganda política. Sin embargo, no se sabe con exactitud cuál es el origen real de la imagen de Alejandro que hoy vemos en los museos, porque muchas de las piezas se obtuvieron antes de la existencia de la arqueología científica y otras en el mercado negro, por lo que en muchos casos es casi seguro que se trate de falsificaciones. Recién ha cobrado especial importancia el descubrimiento de una gema grabada con el retrato del antiguo rey de Macedonia, hallada durante excavaciones en la localidad
de Tel Dor, Israel, dirigidas por los doctores Ayelet Gilboa, de la Universidad de Haifa, e llan Sharon, de la Universidad Hebrea de Jerusalén. La pieza, que mide menos de un centímetro de largo y medio de ancho, presenta el busto de un Alejandro de aspecto joven cuyo largo cabello es sostenido por una diadema. El haber sido encontrado bajo los restos de un edificio público del siglo III a. C. la convierte en un objeto único en su clase, y hace evidente la influencia del gobierno alejandrino en las fronteras de su imperio, así como el valor que tenía entre las élites sociales de la época.

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