De rebote

Si las azoteas de los edificios en las grandes ciudades fueran pintadas de color blanco, se conseguiría reducir algunos efectos del calentamiento global. A esta conclusión llegaron científicos del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Estados Unidos, quienes emplearon un software que simuló el resultado ambiental de esta medida. Los edificios atrapan las altas temperaturas derivadas de la radiación solar; el calor aumenta con la contaminación atmosférica y por la absorción de los tejados alquitranados, el asfalto de las calles, tabiques y el concreto que conforman la estructura citadina, lo cual convierte a la urbe en una ‘isla de calor’ cuyo efecto eleva la temperatura local hasta tres grados Celsius. Los tejados blancos reflejarían la luz del Sol al espacio y enfriarían la temperatura 33%. Johannes Feddema, profesor de geografía en la Universidad de Kansas, E.U., asegura que esto también reduciría la temperatura al interior de los mismos edificios y el consumo de electricidad y combustibles fósiles. Sin embargo, esta idea únicamente puede ser útil en climas templados y no aplicaría en zonas frías, porque las bajas temperaturas al interior obligarían a los habitantes a incrementar el uso de carbón y gas natural para calefacción, y por ende la contaminación. Aunque hay otras limitantes para su aplicación en la vida real, como la distribución de las azoteas y su mantenimiento, o el mismo diseño de los edificios, la alternativa puede ser un aporte significativo para contribuir a mejorar el ambiente y salud de las personas.

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SABIAS QUE…
De acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas, cada año se suman 60 millones de personas a las ciudades y áreas suburbanas del mundo.