La zona del silencio

by eleazar on 24/06/2010

 

Existe un lugar en México en el que se producen extrañas aberraciones: las radios dejan de funciona, las grabaciones magnetofónicas se alteran, las frutas crecen de manera descomunal y los animales del desierto  mutan buscando un equilibrio interno.
Bienvenidos a la Zona del Silencio

La zona del silencio

Golpeé la pequeña radio que suelo llevar siempre que estoy de viaje. Un ruido constante e irritante era lo único que escuchaba. Paradójicamente, sonreí: aquello era una prueba de que ya estábamos dentro de la enigmática Zona del Silencio. El investigador y empresario Benjamín Palacios Perches y yo habíamos salido de Chihuahua capital, en el norte de México, rumbo a un punto yermo del desierto norteño donde ocurren algunos fenómenos verdaderamente desconcertantes.
El vehículo avanzaba por la carretera y ya habíamos pasado por Ciudad Jiménez –a 72kms. De la capital- cuado tanto la radio de abordo como la mía portátil empezaron a sufrir interferencias. “Esto te iba a explicar –se adelantó Benjamín-, el nombre Zona del Silencio es el resultado de la interrupción o de las dificultades de propagación que sufren las ondas hertzianas, sean de alta o baja frecuencia, en un radio de más de cincuenta kms. No se sabe exactamente por qué ocurre este fenómeno, pero algunos científicos apuntan hacia una gran concentración de minerales bajo esta amplia zona, que deben generar campos electromagnéticos de gran potencia que absorben las ondas de radio.
Bajo nosotros teníamos los mayores depósitos del mundo de sulfato de hierro, abundantes minas de uranio, plata y oro. Brújulas, teléfonos celulares, aparatos eléctricos en general dejaban de funcionar o lo hacían mal. Según Benjamín, el fenómeno sólo fue reconocido en 1966 por el ingeniero Augusto Harry de la Peña.
“En aquel año mi padre, Raimundo Palacios Carlos, era alcalde de Escalón, mi ciudad natal. Junto con otros políticos, buscó fórmulas para crear empleos en la región. Se puso en contacto con la prensa de Petróleos Mexicanos, o pemex, y éstos enviaron varios técnicos, encabezados por el ingeniero Harry de la Peña. Este hombre, muy inteligente y afable, intentaba comunicarse con sus compañeros de brigada con su radiotransmisor, muy potente, pero, extrañamente, no lograba hacerlo. Y regañaba a sus trabajadores porque pensaba que se olvidaban de encender la radio…”, dijo el investigador sonriendo. Sólo más tarde De la Peña se percató del problema: las ondas hertzianas se interrumpían por algún motivo desconocido y por ello bautizó la región como Zona del Silencio. Pero había mucho más. Al parecer; tal zona es capaz de atraer más meteoritos que otros lugares de la Tierra. Precisamente, algunos de los cuerpos celestes más grandes capturados en América cayeron en esa región, y no hace mucho tiempo.

Caída de meteoritos
Los moradores del rancho (hacienda) Chupadero fueron testigos, en 1938, de la caída de un enorme bólido que luego fue localizado. Su peso superaba las catorce toneladas. También es una coincidencia –o quizá no- que en ese mismo rancho, pero en 1954, cayese otro meteorito de diez toneladas. En la hacienda colindante. El Morito (municipio de Allende), se encontró otro de siete toneladas. Tales moles cósmicas están expuestas en la actualidad en el Palacio de Ingeniería, en la ciudad de Mexico.
Pero Benjamín jamás podrá olvidar lo que presenció a las 3.15 horas de una madrugada del mes de julio 1969. “Yo era niño, tenía trece años. Dormía en Escalón cuando escuché una especie de zumbido. Como dormíamos con la ventanas abiertas a causa del calor, percibí que el cielo quedó todo iluminado durante un breve espacio de tiempo. Enseguida se oyó un tremendo estruendo y sentimos un temblor muy fuerte. Un gran meteorito había impactado cerca del pueblo de Allende. Rompió vidrieras en Parral, Jiménez, Escalón, es decir, a unos 100 kms. A la redonda. El objeto quedo totalmente pulverizado”, recordó mi guía.
Pero había algo que hacía de aquel meteoro algo muy especial, hasta el punto que lo denominaron “razonante”: algunos periódicos de la época publicaron que el objeto cósmico iba en ruta de colisión contra la sonda espacial soviética Venus-5. Los controladores del vuelo se echaron las manos a la cabeza esperando lo peor.: Sin embargo, y ante la mirada atónica de los controladores de las pantallas de los radares, el meteorito se desvió, como si intentara evitar la colisión con la sonda, y luego volvió a tomar su rumbo original. ¿Leyenda o realidad?
Un año después de la caída del meteorito de Allende o Razonante, el 11 de julio de 1970, desde la base aeroespacial de Green Rive, en UTA (EE.UU.), partía el cohete Atena, de dieciséis metros de altura, para una misió científica destinada a estudiar la alta atmósfera. La cápsula deberá descender en paracaídas en la base White Sands, en Nuevo México. Sin embargo, se desvió más de 1.000 kms. Hacia el Sur y cayó justo en la Zona del Silencio.
“No se abrió el paracaídas y el cohete se estrelló contra el desierto. Lo peor es que se traía una cápsula radiactiva de cobalto 57. Eso sirvió, desde mi punto de vista y del de muchos otros investigadores, de coartada para que el gobierno estadounidense enviara, en menos de cinco días, un contingente de militares mexicano, para rastrear el resto del cohete”, me explicaba Benjamín Palacios que conducía la camioneta hacia la Zona del Silencio.

A la cabeza de este grupo estaba el ingeniero alemán Werner von Braun, padre del Saturno V y uno de los mayores genios de la astronáutica. ¿Por qué venía alguien tan importante a recoger un “cohetito”? Palacios y otros defienden que la exagerada desviación fue deliberada y calculada con el objeto de poder enviar científicos para explorar y estudiar la misteriosa Zona del Silencio. Durante dieciocho días (demasiado tiempo par los críticos) se buscó el cráter con los restos del cohete con la ayuda de 700 hombres que terminaron por encontrarse, el 2 de agosto de 1970 , no con uno, sino con dos cráteres. “Llegaron primero en tren a Escalón. Allí, mi padre, que habla muy bien inglés, recibió a Von Braun. Yo estaba presente durante la conversación. El sabio alemán decía que el accidente había ocurrido a causa del fuerte magnetismo del lugar que atrajo el cohete como un imán. Pedí ayuda para contratar a 300 trabajadores, lugareños del pueblo. Estos recogieron muestras de todo: piedras, restos metálicos, plantas, animales, lo que fuera. Creo que los estadounidenses no estaban sólo interesados en los restos del cohete”, explicó a MAS ALLA Palacios.
A raíz del accidente del Athena – publicado en la prensa a escala mundial- empezaron a venir curiosos y científicos de todo el planeta para conocer la misteriosa zona.

Tortugas mutantes
Mi amigo Benjamín Palacios me conducía en su camioneta hasta su proyecto, todavía inconcluso el Complejo Eco turístico de la Zona del Silencio. Está situado en medio del desierto, en un lugar completamente yermo salvo por la proximidad de la carretera. De momento, se ha construido el edificio-sede, la futura recepción de turistas que quieran conocer los misterios terrenales y extra terrenales de la región. Allí quiere instalar un museo parecido al que existe en Roswll, que el empresario visitó en EE. UU. Al entrar en la prioridad, se pasa por un portal sin muros flanqueado por un simpático “platillo volante” metálico. El proyecto empezó hace cinco años, cuando Benjamín compró 300 hectáreas de tierras áridas. Lo más costoso fue perforar un pozo y conseguir la electricidad. El edificio principal –aún por terminar está hecho con adobe y madera. Se sitúa al centro de una rueda imaginaria a cuyo alrededor se levantarán nueve módulos con chalets, cada cual con el nombre de un planeta del Sistema Solar, a un radio de 75 metros de distancia.
También se ha preparado un área de 10 hectáreas destinada al cultivo biológico de la tierra, con hortalizas para consumo propio y la cría de animales. Pero lo más curiosos en este espacio es la presencia de varias tortugas mutantes… Se trata de una especie endémica, única en todo el planeta, Geopherus flavomarnatus legler, descubierta en 1959. Se esconden del sol debajo de pequeños cobertizos construidos especialmente para ellas. Los ufólogos consideran que es un animal mutante basándose en las investigaciones del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, que verificó una alta incidencia de radiación cósmica o de neutrinos de alta energía en aquella región. La incidencia de rayos solares es también superior allí, un 35% más que en otros lugares del mundo. Tales tortugas desarrollaron ojos amarillos que les sirven de filtro para protegerse de los rayos solares y su caparazón es único. No tienen los previsibles “octágonos” de los demás quelonios, sino que exhiben hexágonos, quizá como resultado de las mutaciones provocadas por las radiaciones.
Cuando llegamos a la sede del futuro complejo nos esperaba el capataz, Javier Porras Marín. A mediados del año 2000, él y su esposa fueron testigos de un avistamiento OVNI.
“Era verano y hacía muchísimo calor, incluso por la noche. Decidí dormir al aire libre, encima de un tanque de metal cuadrado, de dos metros de alto, aquí en el rancho, Estaba con mi esposa y ella me despertó. Rosalía miraba hacia una montaña Tetas de Juana, a unos dieciséis kilómetros de distancia. Allí, en las faldas del cerro, percibíamos una luz muy fuerte que hacía movimientos horizontales y verticales. Luego, esa luz vino hacia nosotros muy rápidamente y, a 500 metros, se detuvo. Instantes después se alejo nuevamente hacia Tetas de Juana. Dos minutos después, regresó y se paró en el punto de la vez anterior. Pero, esta vez hizo un círculo de 500 metros a la redonda, se alejó y desapareció en el cielo”, explicó Javier:

Extraño “helicóptero”
Al día siguiente, Benjamín y Javier Fueron al Ejido Constitución –a 12 kms. De distancia- para comprar piedras para la obra y se encontraron con los ejidatarios comentando la aparición, la noche anterior; de un extraño “helicóptero” que aceleraba muy rápidamente. El cerro Tetas de Juana (que tiene la forma de dos pechos) es conocido por las apariciones de objetos voladores no identificados desde hace largo tiempo. En Ceballos (estado vecino de Durango) había, en restaurante, un grupo de camioneros que observaron el mismo fenómeno en las faldas del cerro. En septiembre de 2002, el investigador Gilberto Rivera, de Chihuahua capital, junto con miembros de su grupo, el GIFAE (Grupo de Investigación) de Fenómenos Aeroespaciales), decidió hacer una especia de “alerta OVNI” en el complejo ecoturístico de Benjamín.
“Antes habíamos visitado el sitio donde cayó el cohete Athena y, al volver; por la noche, junto con mis amigos, iniciamos la emisión de luces de linternas hacia el cielo. Creamos una especie de código luminoso, como el código Morse, y dibujamos formas geométricas en el cielo esperando que algún OVNI pudiera contestarnos con sus luces”, me explicó el investigador cuando regresé a la capital del estado, después del Primer Congreso Internacional de Ufología que él había organizado con éxito. Durante el experimento de campo, algunos de los presentes creyeron ver tenues señales luminosas de respuesta. Otros no estaban muy convencidos. Sin embargo y, para sorpresa de Gilberto Rivera, un hacendado vecino apellido Macías, se acercó al complejo y les comentó algo interesante.
En su rancho, El Socorro, a menos de un kilómetro, había un sembrado de melones. Era la época en que la planta aún no estaba muy desarrollada, pero sí lo suficiente como para servir de alimento a los conejos y liebres silvestres. El hacendado y sus capataces solían ponerse en las esquinas de la plantación, armados con escopetas, para disparar a los intrusos.
“Eso se suele hacer por la noche- me refiero Gilberto- y emplean lámparas más o menos potentes, con las que otean el campo para detectar los animales. Una de esas noches apareció, de pronto, una enorme luz sobre los campesinos y los niños que tomaban el fresco con sus madres. Todos salieron despavoridos.
Los pequeños gritando y llorando. Era una luz cegadora que estuvo un rato allí y luego desapareció. Quizá aquellos hombres, sin querer, concentraron el código que nosotros buscamos para contactar con posibles entidades alienígenas”, se lamentó el ufólogo encogiéndose de hombros.

La vegetación de la Zona del Silencio es tan extraña como su fauna mutante. La tierra ofrece melones y sandías gigantes.

Tesoros ocultos
Geológicamente hablando, toda la Zona del Silencio fue en un pasado remoto, aparte de un océano al que llamaron Tetis. Por eso se han encontrado muchos bancos de fósiles marinos, como caracoles, medusas, esponjas, almenitas y trilobites. La región presenta bajísima densidad de población humana y, durante el siglo XIX, merodeaban por aquellos lares salteadores y bandidos a la caza de algún viajero perdido.
Las leyendas hablan de la presencia de lingotes de oro y plata escondidos en cuevas de las serranías. Aunque no se hayan podido comprobar tales historias, ocasionalmente se ven personas extranjeras y del país con sus detectores de metales en medio del desierto.
Seguíamos avanzado hacia Estación Carrillo, un pequeño y humilde pueblo salinero. Benjamín miró preocupado la carretera de arena y tierra. Funcionó y ceño y comentó”, “Hace doce años que no llueve en este desierto, y justo hace unos días empezaron las precipitaciones. El barro se convierte en un peligroso ingrediente pegajoso que atrapa y deja atorados a los vehículos. El nuestro no es un cuatro por cuatro”; Al final de la tarde pasamos sobre un tramo embarrado de la carretera y el mal augurio se cumplió: la camioneta se quedó totalmente atorado. Hicimos toda clase de intentos para sacar el vehículo del barrizal, pero todo fue inútil.
Mientras esperamos a Benjamín- que había partido a pie en busca de auxilio-contemplamos, a lo lejos, el cerro San Ignacio, famoso por las apariciones de objetos voladores no identificados. La noche cayó sobre nosotros y una extraordinaria Luna creciente surgió en el horizonte. Antes el cielo totalmente limpio nos permitió ver el Camino de Santiago – La vía Láctea – con una claridad que sólo había visto en el desierto de Atacama, en el norte de Chile. Casi a medianoche apareció un tractor que tiró de la camioneta atrapada. Se había visto en el desierto de Atacama, en el norte de Chile. Casi a medianoche apareció un tractor que tiró de la camioneta atrapada. Se había frustrado nuestro intento de alcanzar el Laboratorio de la Reserva de la Biosfera del Mapimí, creado en 1976, y a unos 10 kms. Del punto donde cayó el cohete Athena. Allí trabajan científicos del mundo entero, especialmente estadounidenses, franceses, alemanes e italianos, desarrollando desde estudios astronómicos hasta proyectos agrarios. La Zona del silencio alberga muchos secretos, algunos al alcance de la ciencia y otros no tanto.

Fuente: revista Mas Alla

{ 1 comment }

Roberto enero 20, 2011 a las 12:11

Yo fui testigo en dos ocasiones diferentes de luces en la zona del silencio. La primera hacia muchisimo frio, y en el horizonte se veian luces como si hubiera una ciudad, incluso de veian de varios colores, despues de una hora esas luces parpadeaban, ya como a las 4am algunas parecian moverse de arriba a abajo. En la segunda ocasion vimos una luz muy tenue pero al pasar lo minutos se iba acercando pensamos que era un carro, pero ya estaba tan cerca que nos asusto, y nunca se oyo nada, nos rodeo aproximadamente 180 grados, pero se alejaba y se acercaba, en ocasiones subia y en ocasiones a raz de suelo. esa misma noche vimos un destello aproximadamente del tamaño de una luna llena en el cielo, pero desaparecio rapido. He querido entrar nuevamente pero ya no dan permiso. Si alguien mas se interesa en el tema escribame, no conozco mucha gente interesada, me tachan de fantasioso, pero yo se que hay mas como yo, incluso mis compañeros en ese campamento son testigos como yo. Saludos

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