Allan Hobson, catedrático de Psiquiatria de la Escuela de Medicina de Harvad, nos recuerda que los sueños surgen en la fase REM – siglas en inglés de movimiento rápido de los ojos -, mientras que las pesadillas más opresivas y espantosas se producen en la fase cuatro del sueño sin dicho movimiento ocular.

De acuerdo con esta hipótesis, los correlatos fisicológicos de los malos viajes oniricos – activación del sistema nervioso autónomo, subida de la tensión arterial, aceleración del pulso…- dificilmente se podrían producir en el periodo en el que habitualmente soñamos. Otro dato que aval su idea es que las pesadillas remiten a medida que nos vamos haciendo mayores, al igual que la cantidad de tiempo que dedicamos a la fase cuatro no -REM.
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