Sabes que es el sindrome de las piernas inquietas

sabes que es el sindrome de las piernas inquietasSe trata del llamado síndrome de Ekbom o sindrome de las piernas inquietas, enfermedad de la que aún se conoce poco y cada vez incorpora más casos en el mundo, principalmente mujeres. Quien sufre este problema difícilmente puede describirlo y apenas reporta sensaciones de pesadez, calambres, dolor, quemazón y/o comezón profunda en las piernas, aunque también pueden manifestarse en brazos u otras áreas del cuerpo.

Para poder aliviarlo, sus afectados suelen tener que volver a estar de pie y moverse, por lo que suelen pasar largos ratos durante la noche caminando por los pasillos o dándose masajes en las piernas. Las primeras molestias suelen aparecer al atardecer, por lo que la principal consecuencia es un trastorno de los hábitos de sueño. Alteración que suele provocar la primera consulta del problema con un médico. Pero existen otras consecuencias: pérdida de energía, estado de somnolencia durante el día, tristeza y estado de ánimo irritable o depresivo, alteraciones de la memoria, dolores de cabeza matutinos… asociadas a la falta prolongada de sueño.

¿Cómo afecta la vida?
El Síndrome de Piernas Inquietas afectan gravemente la calidad de vida de los afectados. En casos graves, los pacientes no consiguen descansar en toda la noche. “No descansan nunca, son los casos más graves”, relata el Dr. Estivill; “hemos tenido pacientes que incluso se han quedado dormidos de pie”, añade, “pues han tenido que andar para mejorar su malestar en las piernas y se han quedado dormidos apoyados en los pies de la cama”.
Arturo Avilés, afectado por SPI que ha impulsado la primera Asociación de Pacientes con Síndrome de Piernas Inquietas (AESPI), comparte con nosotros su dura experiencia: “te despiertas una vez más y maldices tu suerte y tienes que irte a pasear porque si enciendes el televisor o intentas leer, no te concentras”, confiesa. Así, la única forma de “sobrellevarlo, más o menos, es moviéndome”. Y ese cansancio acumulado al no poder dormir, “te aumenta el nerviosismo” y empeora la situación. Esta experiencia acaba convirtiéndose en una triste rutina para los que la padecen.

¿Cuál es su origen?
Cabe destacar que ha sido motivo de investigación desde el siglo XIX, pero sería hasta los primeros años del XX cuando el neurólogo sueco Karl Ekbom (de ahí que el síndrome lleve su nombre) estudió con detenimiento el problema y lo describió por primera vez como enfermedad. “La parestesia se siente en la parte inferior de las piernas (no los pies), y al paciente le cuesta encontrar las palabras adecuadas para describirlo. Es una sensación de arrastramiento, irritante y enervante, y como regla general no se trata de un dolor real, es algo nervioso.

¿Cómo se trata?
El primer paso es averiguar, si es posible, el origen del problema. Por ejemplo, investigando si existe un déficit de hierro. En ese caso, se debería suministrar suplementos de hierro por vía oral.
En casos leves en los que no se pueda identificar una causa, bastaría con sencillos consejos para evitar la privación del sueño, como practicar ejercicios, retrasar el momento de ir a la cama, darse un baño caliente, evitar el alcohol, el café y el tabaco.
Pero en casos más severos, es necesario un tratamiento farmacológico. En este sentido, a mediados de los años 80, el tratamiento del Síndrome de Piernas Inquietas experimentó un avance al comprobarse que la levodopa, un fármaco que revolucionó el tratamiento del Parkinson, también era eficaz en el tratamiento del Síndrome de Piernas Inquietas.
Sin embargo, ahora sabemos que “la levodopa a medio plazo puede producir una potenciación de los síntomas”, explica el Dr. García Borreguero, por lo que el desarrollo de fármacos se ha centrado en nuevos agonistas dopaminérgicos que consiguen “una respuesta positiva en entre un 60 y un 80 por ciento de los pacientes”, afirma este especialista.

En casos de SPI en pacientes que sufren también diabetes o neuropatía, se recomienda otros fármacos de la familia de los anticonvulsivantes. Y en pacientes que son resistentes al tratamiento dopaminérgico, puede recomendarse el uso de opiáceos